A 24 años del accidente de Chernobyl el tabu nuclear parece desaparecer

Desde aquel 26 de abril de 1986 —cuando el reactor cuatro de la Central Nuclear de Chernobyl explotó, liberando 500 veces más material radioactivo que el de la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945—, el concepto nuclear dejó de ser percibido como símbolo de modernidad y se convirtió en una especie de mito, al que las autoridades soviéticas ayudaron a alimentar.

Más de 9,000 personas muertas por cáncer, infertilidad en cientos de mujeres y 57,000 km2 contaminados, son sólo algunas de las cifras que, se estima, dejó este accidente -también se habla sobre la mutación de animales, sin que se haya constatado-.

A 24 años de esto, familias que huyeron de la región donde tuvo lugar la explosión comienzan a regresar y, curiosamente, con ello la posibilidad de que la creciente demanda de energía sea cubierta con nucleoeléctricas.

La Argentina nuclear. En el territorio nuclear la historia se mezcla con la leyenda. Más allá de epitafios mil y una vez escritos, la silenciosa pero extendida actividad nuclear argentina muestra signos como para esperanzarse. En un contexto internacional favorable, el objetivo estratégico planteado es el de aprovechar la capacidad tecnológica del país.

Las últimas noticias en el mundo nuclear hablan de un presente en expansión, sólo comparable al big bang de la época de oro de los años ’60. Esta vez sin Guerra Fría, de la mano de la lucha contra el cambio climático y habiéndose diluido el fantasma de Chernobyl –el accidente de 1986 que determinó en parte la caída del régimen soviético y el fin de la primavera nuclear– se recalienta el crecimiento de esta tecnología que hoy provee el 15 por ciento de la electricidad que se consume en el mundo. La generan los 440 reactores nucleares en funcionamiento con una potencia neta total instalada de 370.221 MW.

La distribución de la nucleoelectricidad no es equitativa. 31 países la usan. En 15 de estos países, la energía nuclear suministra más de un 25 por ciento de sus necesidades eléctricas. Los diez países con mayor capacidad de generación de electricidad de origen nuclear en 2008 fueron, en porcentajes: Francia (76), Lituania (73), Eslovaquia (56), Bélgica (54), Ucrania (47), Suecia (42), Eslovenia (42), Armenia (39), Suiza (39) y Hungría (37).

Estados Unidos es el país con más centrales nucleares: 104 en funcionamiento que producen el 20 por ciento de la electricidad del país. Francia tiene 59, Japón 54, Rusia 30, Reino Unido 23, Canadá 20, Corea del Sur 19, India 14.

La tecnología nuclear es sinónimo de desarrollo: mientras que 15 de los 27 estados en la Unión Europea tienen centrales en operación y el 35 por ciento de la energía que se produce es de origen nuclear, en Latinoamérica el panorama es el opuesto, sólo el 2,5 por ciento es nuclear. Sólo Argentina, Brasil y México tienen nucleoelectricidad.

Hasta no hace mucho el panorama era declinante, pero algo ha cambiado. Se valora la eficiencia económica, la no emisión de gases de efecto invernadero y la seguridad del suministro. En el gremio se habla a viva voz de un generalizado renacer nuclear. El tiempo dirá.

Según datos de la OIEA, el Organismo Internacional de Energía Atómica, que se encarga de regular la actividad, está programada de manera oficial la construcción de 200 nuevas centrales.

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