Muestra clara de la terrible inflación en Guatemala


El pasado lunes 16 de Agosto en conferencia de prensa se informó sobre la emisión de los nuevos billetes de Q 200.00 que estarán circulando a partir del próximo lunes 23 de Agosto. Y es que para nadie de nosotros es nuevo que en Guatemala estamos sufriendo de una terrible inflación. En conferencia de prensa se indicó que la emisión de dicha denominación será de mil millones de billetes.

Según el banco central la emisión no implica devaluación de la moneda ya que es el mercado el que demanda una denominación de mayor valor.

Manuel Alonzo Araujo, Gerente General del Banguat, explicó que cuando un billete ocupa el 60 por ciento de los que están circulación, es necesario emitir papel moneda de mayor valor.

En el caso del billete de Q100 representa el 85 por ciento del total en circulación por lo que era evidente "la necesidad de un nuevo billete", dijo el funcionario.

"Con esto no se aumentará la cantidad de dinero en circulación más allá de lo programado por el Banguat", afirmó.

El billete fue elaborado a base de algodón por la empresa Giesecke & Devrient GMBH con sede en Alemania y su costo de fabricación es de Q0.49.

El banco central hizo un llamado a los consumidores a estar atentos a las medidas de seguridad del billete con la finalidad de evitar falsificaciones, además de que pidió el uso adecuado de estos.

Inflación = Emisión de nuevos billetes.

Es un fenómeno estrechamente relacionado con la demanda de la gente. Frente a precios de productos que se han encarecido sostenidamente, es lógico que cada vez más gente demande billetes de mayor denominación y convalide esa mayor oferta en los hechos. El costo de emisión de un billete de 5 o de uno de 100 pesos debe ser el mismo. Claramente, en un contexto inflacionario, es más beneficioso emitir billetes de mayor denominación. Sin embargo, esto genera numerosas complicaciones en las transacciones. Otro rasgo que desnuda el impacto de la inflación es la comparación con países similares, y en ese sentido las conclusiones también son inquietantes. El billete de mayor valor de circulación local está entre los menos rendidores -en dólares y poder de compra- de la región.

La inflación en America Latina.

Muchos expertos vinculan las actuales hiperinflaciones de los países de América Latina a su elevadísima deuda externa. En este caso, la culpa se reparte equitativamente entre quienes gestionaron los préstamos, esto es, los gobiernos de esos Estados y quienes se los concedieron. Se trata de una larga historia que se inició en 1973, cuando se hizo evidente la completa dependencia del mundo occidental de los suministros de petróleo de los países árabes. Aquel año, la OPEP, la organización que reúne a los Estados productores del oro negro, decidió golpear a las naciones occidentales, culpables de sostener políticamente a Israel. Una de las primeras disposiciones fue la cuadruplicación del precio del petróleo, que permitió a los países árabes acumular en pocos años enormes capitales, del orden de decenas de miles de millones de dólares, que en parte gastaron en rearmarse, mientras que la proporción más elevada se depositaba en los principales bancos europeos, especialmente en los ingleses.

Europa vivía un período de gran depresión económica, debida a la llamada estanflación o suma de los efectos del estancamiento y de la inflación. En esta fase el desarrollo económico se detiene: la demanda disminuye, caen la producción y la exportación y aumenta el paro. A ello se añaden los efectos de la inflación, esto es, la pérdida del poder adquisitivo de la moneda y la consiguiente alza de los precios. En esta situación, los bancos europeos, y en parte también los de Estados Unidos, tenían notables dificultades para colocar las elevadas sumas depositadas por los productores de petróleo. Las instituciones de crédito optaron por conceder préstamos a los países del Tercer Mundo, que precisaban de todo y carecían de medios para pagar las importaciones de petróleo.

Estos préstamos implicaban notables riesgos, porque pocas de las empresas que operaban en esas naciones tenían posibilidades de garantizar el pago de los intereses y el reembolso del capital, Por este motivo, los banqueros prefirieron prestar los fondos directamente a los gobiernos y a las empresas públicas, Entre las numerosas peticiones, se escogieron algunos Estados considerados relativamente más seguros, y entre ellos los de América latina. A los préstamos se les aplicaba una tasa de interés que tomaba en cuenta la solvencia del país deudor. Los bancos públicos que otorgaban los préstamos empleaban bastante tiempo para conceder las sumas: en efecto, reclamaban garantías sobre la estabilidad política y la aplicación de planes concretos de inversión para el desarrollo y la industrialización. Los bancos comerciales, con numerosas filiales en todo el mundo, aplicaban, en cambio, métodos más rápidos, con lo que el número de beneficiarios de los préstamos aumentó notablemente. Al cabo de pocos años, el monto de la deuda de los países en vías de desarrollo superó los 70.000 millones de dólares, y empezaron a surgir dudas acerca del abono de los intereses y, sobre todo, de los capitales prestados.

Aprender a vivir con la inflación.

Los casos de hiperinflación son normales en países como el Brasil, la Argentina o el Perú, hasta el punto de que cabe hablar de una convivencia con la inflación, que agrava la ya dolorosa situación de los estratos menos pudientes. Hoy día, es del todo normal para los habitantes de estos lugares, vivir directamente la progresiva reducción del valor de su moneda, mediante el creciente número de ceros que aparecen en los billetes.

Inflaciones historicas.

Bolivia: En octubre de 1982 Hernán Siles Zuazo tomó de nuevo posesión de la presidencia. Se enfrentó con varias crisis ministeriales y fue incapaz de resolver los problemas económicos del país, bastante urgentes debido al pago de los intereses de la deuda externa a los bancos internacionales. Siles dimitió y convocó elecciones anticipadas; el Congreso volvió a reclamar a Paz Estenssoro como presidente. Su nuevo gobierno intentó cortar la producción de coca y la venta de cocaína con la colaboración de las tropas estadounidenses, pero esta medida, además de ser impopular, sólo obtuvo un éxito parcial. El principal logro de Paz Estenssoro fue una nueva política económica que frenó una hiperinflación del orden del 27.000% entre enero y agosto de 1985, y que fue exportada a otros países de América. Jaime Paz Zamora, que había sido el tercer candidato más votado en las elecciones de mayo de 1989, asumió en agosto la presidencia del país después de recibir el apoyo de Acción Democrática Nacionalista, grupo político de derecha.

Turquía: Desde los años 70, Turquía tiene una inflación anual de dos dígitos, que en sus picos máximos alcanzó el 80%. Sin embargo, caso único en el mundo, ha logrado mantener su inflación en el mismo nivel durante tres décadas sin que ésta se disparase hasta llegar a la hiperinflación. Durante los años 80, se hicieron famosas en Turquía las teorías de la inflación sostenible, hasta que en el año 2001 el país sufrió la mayor crisis económica de su historia. A partir de entonces, el Gobierno trabajó con éxito en llegar al dígito de inflación anual, hoy cerca del 8%. Hasta el 2 de enero de 2005, en Turquía todo el mundo era millonario, ya que la gran mayoría de la población contaba con al menos un billete de siete cifras en su monedero (un millón de liras eran 0,55 euros).

Croacia: era una de las repúblicas más prósperas de las seis que constituían la antigua República Federal Socialista de Yugoslavia, con una producción estimada del 25% del Producto Nacional Bruto (PNB) del país a finales de la década de 1980. Sin embargo, la economía del país entró en un verdadero declive con el estallido bélico con Serbia en junio de 1991. La inflación se elevó a más del 500% anual a finales de 1992. Como parte de los esfuerzos para controlar la hiperinflación, en mayo de 1994 Croacia cambió la unidad monetaria, sustituyendo al dinar croata por la kuna (6,04 kuna equivalían a 1 dólar estadounidense en 2004).

Yugoslavia: El peor episodio de hiperinflación que registra la historia ocurrió en Yugoslavia, durante los años 1993 y 1994. Durante el gobierno de Josef Tito, Yugoslavia mantuvo un constante déficit gubernamental que se financió mediante la emisión de dinero, lo cual produjo una altísima tasa de inflación. En octubre de 1993 el gobierno creó una nueva unidad monetaria. Se decretó que un nuevo dinar sería equivalente a un millón de viejos dinares. En realidad, el gobierno simplemente eliminó seis ceros al papel moneda. Por supuesto, esto no frenó la inflación, y entre octubre de 1993 y el 24 de enero de 1995 el incremento porcentual de precios fue por la cantidad de cinco, seguido de quince ceros: 5.000.000.000.000.000%

Hungría: Entre los meses de Julio de 1945 y Julio de 1946, Hungría experimentó la hiperinflación más alta en la historia mundial. El promedio de inflación diario en la semana final de la hiperinflación permaneció en 158.486%. Al día siguiente, el gobierno húngaro introdujo el florín a efectos de reemplazar el hiperinflacionado «pengö». Durante las primeras dos semanas de estabilización, el índice de costo de vida permaneció sin variaciones, pero sólo dos años más tarde se vio incrementado a un promedio de sólo 8.5% anual. Dicha estabilización es conocida como «el milagro de la moneda húngara».

Brasil: La hiperinflación latinoamericana no ha alcanzado nunca tasas extremas, pero ha resultado ser más perdurable en el tiempo. La tasa media de inflación anual durante el período 1978-1987 fue del 166% para Brasil, del 299% para Argentina y hasta del 602% para Bolivia. Pero no fueron las propuestas estructuralistas sino las más clásicas (restricción monetaria y contención del gasto público) las que han conseguido dominar la fiera. Eso sí, con efectos muy desagradables para la población de estos países.

Historia de la moneda en Guatemala.

Inmediatamente después de la Independencia de Centroamérica (1821) inició un proceso de transición hacia un sistema monetario federal o nacional, que pretendía desligarse de las regulaciones, signos e influencias de la metrópoli española. En este sentido, la Casa de Moneda de Guatemala jugó un papel primordial en la circulación monetaria recurriendo al oro y la plata como principales materiales para la acuñación. Al disolverse la Federación Centroamericana, nuestro país no estableció de inmediato un sistema monetario. A lo largo de bastantes años, circularon simultáneamente moneda federal y diversas monedas extranjeras.

El 1853 surgió el acuerdo de acuñar la moneda propia del país, pero por limitación de recursos solamente se acuño una pequeña cantidad. En 1864 se autorizó la fundación de un banco privado, que sería el único emisor de billetes sin embargo, los prestamistas impidieron que el proyecto prosperara.

Igual fracaso —y por la misma causa— sufrió el banco que en 1867 fundó un grupo de ciudadanos guatemaltecos. En 1869, es decir, poco antes del derrumbe de régimen conservador, comenzó una reforma monetaria basada en el peso, dividido en unidades decimales. En 1870 fue decretada la paridad del peso con el dólar estadounidense. El proceso de esta reforma se vio interrumpido por la victoria de las tropas liberales, el 30 de junio de 1871.

La Revolución Liberal retomó aquella reforma y la profundizó. En 1881 estableció el bimetalismo como base del sistema monetario, y definió al peso como unidad monetaria las monedas tenían poder liberatorio ilimitado y el Estado se veía obligado a acuñar todo el oro y la plata que los particulares quisieran grabar. Por esa época, el oro casi había dejado de circular, en razón de la ley de Gresham además, el público rehusó emplear el sistema decimal, prefiriendo las subdivisiones vigentes durante la Colonia: tostones, pesetas, reales, medios reales y cuartillos.

Dentro de este esquema monetario surgieron los bancos particulares de emisión, depósito y descuento. Al inicio del siglo XX funcionaban seis bancos de este género: Agrícola Hipotecario, Colombiano, Americano, de Guatemala, Internacional y de Occidente. Entre 1924 y 1926 sucedieron circunstancias propicias para llevar a cabo la Primera Reforma Monetaria y Bancaria trascendental del siglo XX, que puso fin a un largo período de desajustes en el valor de cambio de la moneda nacional, causados por la emisión incontrolada de signos monetarios carentes de respaldo.

El 24 de noviembre de 1924 fue creado el quetzal como nueva unidad monetaria (ligada al patrón oro y en paridad unitaria con el dólar estadounidense). Además, el 30 de junio de 1926 es creada una entidad con funciones de Banca, espaldada por capital mixto (estatal y privado): el Banco Central de Guatemala, con atribuciones de único emisor.

La moneda de Carrera, como se le llama, fue acuñada de 1859 a 1869 y —con la excepción de la moneda de un cuarto de real— lleva grabado el busto de Carrera. En este lapso se acuñaron monedas de plata y de oro: las de plata, en las denominaciones de un cuarto de real a cuatro reales y a la de ocho reales se le cambió la denominación de un cuarto de reales por un peso. De 1860 a 1864, se acuñaron unas monedas diminutas de oro, de cuatro reales y en 1859 y 1860 fueron elaboradas monedas de un peso oro. Durante este período se combinaron los sistemas binario español y decimal, ya que se acuñaron, en oro, monedas de cuatro reales, un peso, dos, cuatro, cinco, ocho, diez, dieciséis y veinte pesos. En las postrimerías del régimen conservador, y ya en el Gobierno del presidente Vicente Cerna, se oficializa el sistema métrico decimal sin embargo, éste es abolido en el inicio del régimen liberal de Justo Rufino Barrios. Durante el Gobierno liberal, el sistema monetario siguió basándose en la acuñación de monedas de oro y plata, habiéndose también acuñado monedas en el sistema decimal, que fueron de cinco, diez, veinticinco y cincuenta centavos. De las monedas de cinco y diez centavos, sólo se acuñaron en 1881, y la de cincuenta centavos, en 1870. La de veinticinco centavos circuló de 1869 a 1893, con algunos años de interrupción. En este lapso, y específicamente en 1871 y 1881, se acuñó la moneda de un centavo en cobre.

Durante el régimen liberal, se introduce el uso del papel moneda con el producto de las expropiaciones a la Iglesia. El régimen de Barrios crea el Banco Nacional, y en 1873 se emiten los primeros billetes de Guatemala, en la denominación de un peso. Estos billetes llevan las efigies de Barrios y de José María Samayoa, para ese entonces ministro de Hacienda del régimen. La circulación de dichos billetes duró hasta 1876, cuando perdieron la garantía del Estado y su poder liberatorio, pues en noviembre de 1876 el Banco fue liquidado. A la muerte de Barrios, le sucedió el general Manuel Lisandro Barillas. Durante su gestión, en 1887, a través de la Tesorería Nacional se emitieron billetes de uno, cinco y diez pesos, billetes que no fueron aceptados por el público, por la poca capacidad del Gobierno para redimirlos.

Diseño del nuevo billete de Q 200.00

El billete con denominación de 200 quetzales tendría por eje temático la Marimba, mientras Mariano Valverde, Germán Alcántara y Sebastián Hurtado, aparecen en el anverso y figura principal. El color dominante es el aqua.




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