La historia del jefe perfecto


Durante una sesión de capacitación en una corporación que operaba una cadena de tiendas de conveniencia, el instructor preguntó a los participantes por qué habían permanecido en una industria con una escala salarial bastante baja tanto tiempo hasta convertirse en gerentes. 

Con mucha emoción en su voz, una mujer dijo: “Por un guante de béisbol de $19 dólares”. 

Ella había empezado a trabajar como dependienta en una de las tiendas de la compañía, trabajo que no pagaba precisamente bien. 

Siendo madre soltera, su presupuesto era ajustado, pero estaba contenta de tener el empleo. 

Una semana después de iniciar el trabajo, su hijo pequeño la llamó y le dijo desesperado que necesitaba dinero para comprar un guante de béisbol, ya que quería unirse al equipo de la Liga Menor. 

Con tristeza, su madre le dijo que tendría que esperar varios meses para poder apartar dinero suficiente para el guante. Cuando la mujer llegó al trabajo el día siguiente, su jefe le pidió que entrara en su oficina y cerrara la puerta. 

La mujer estaba un poco nerviosa… ¿había cometido algún error? ¿Corría peligro su trabajo? Pero el gerente le comentó que se había enterado de la mala noticia que le había dado a su hijo sobre el guante de béisbol. Le entregó una caja a la mujer y le dijo que allí había un guante para su hijo. 

Le dijo: “Usted sabe que no podemos pagar tanto como quisiéramos a la gente buena como usted, pero sí nos importa, y quiero que sepa que usted es importante para nosotros”. Cuando un gerente hace saber a un buen empleado que es valorado y apreciado, no es de sorprender que éste continúe en su trabajo y aspire a convertirse en el mismo tipo de jefe. ¿El precio de este tipo de lealtad? 

Poner atención y dar el siguiente paso con acciones significativas. 

Heart at Work, Jack Canfield y Jacqueline Miller

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