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Locutor en Guatemala con 25 años dándole voz a tu evento

Locutor, Chavorruco y maestro de ceremonias en Guatemala. Convierto tu marca, tu fiesta o tu transmisión en un momento que se recuerda.

Locutor

25 años de experiencia. Voz institucional de Kiss 97.7 y estaciones de Grupo Emisoras Unidas. Spots, producción y creatividad radial.

Chavorruco

Fundador del movimiento Cuando Éramos Chavitos y La Capiusa. Nostalgia guatemalteca que conecta generaciones.

Presentador

Maestro de ceremonias en eventos públicos y privados, dentro y fuera de Guatemala. Charlas motivacionales y moderación de paneles.

Mentoría de Comunicación

Pierde el miedo y aprende a hablar en público con seguridad y persuasión. 10 sesiones virtuales en vivo. Ver detalles →

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Quién soy

Juan Pablo Mata

Juan Pablo Mata

25 años de experiencia como locutor, productor y creativo radial. Soy la voz institucional de Kiss 97.7 y estaciones de Grupo Emisoras Unidas. He sido locutor de varias marcas y campañas publicitarias.

Egresado de la Universidad Galileo en el área de negocios y empresa, he formado equipos como tutor universitario y asesor en el área financiera. Me apasiona compartir con las personas — una de mis vocaciones es dirigir eventos.

Soy fundador del movimiento Cuando Éramos Chavitos, con libros, podcast y grupos de recuerdo. El público me llama el Chavorruco Mayor, y fundé el concepto La Capiusa en redes sociales.

25+Años en radio
3Estaciones actuales
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Locución

Voz en off, spots, promocionales, documentales y contestadora telefónica. Entrega en 24 horas con estudio móvil de última generación.

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Charlas y asesorías

Desarrollo personal y profesional, hablar en público, creación de podcast, branding para emprendimientos y finanzas empresariales.

Estudio móvil

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El Convivio de los Chavorrucos

Experiencia de entretenimiento para convivios empresariales: música, nostalgia, humor, tecnología e interacción con producción profesional. No organizamos convivios, creamos recuerdos.

Validación de mercado para eventos

Antes de invertir en un espectáculo, mido el interés real de mi comunidad con publicaciones, análisis de audiencia y tendencias. Recibes un informe ejecutivo con recomendaciones. Desde Q2,500.

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No solo vendo redes,
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Chavorrucadas

Gonzalo Chalo Hernández y Campiña
Chavorrucadas

Gonzalo "Chalo" Hernández entretuvo e hizo reír a los televidentes guatemaltecos con el programa más visto en Guatemala en los años setentas y ochentas del siglo pasado: "Campiña".

El programa reunía segmentos de humor, de aficionados al canto, ventana para los artistas nacionales y reportajes de lo nuestro. Trabajó igualmente en Radio Mundial con un programa de música popular llamado igualmente Campiña; posteriormente condujo otros programas televisivos como Sábado Gigante y Venga con Chalo Venga, por televisión local. Siempre se distinguió por su carácter alegre y carisma.

La historia de Campiña inició en 1969, cuando Canal 11 empezó a producir un programa propio, en vivo, que transmitía contenido nacional. El programa inició en la Radio Mundial 700 AM, y dado su éxito fue llevado a la pantalla chica.

Campiña fue uno de los programas más populares que existió en Guatemala y se destacaba por dar a conocer e impulsar al artista guatemalteco, ya que le daba espacio y cobertura a grupos de jóvenes, grupos de la provincia y, sobre todo, a intérpretes de marimba, promoviendo el arte guatemalteco.

Este show era conducido por Chalo Hernández, quien logró que cada sábado aumentara la audiencia del programa gracias a su calidez y sentido del humor. A finales de los sesenta, Campiña era un programa con un alto índice de aceptación y audiencia entre los guatemaltecos que todos los fines de semana se daban cita frente al televisor.

Gonzalo Hernández falleció un 27 de agosto de 1999. (QEPD)

En el corazón de la historia industrial de Guatemala se encontraba la Fábrica de Zapatos Incatecu, una compañía que no solo marcó un hito en la producción de calzado, sino que también dejó una huella imborrable en la cultura y la infancia de miles de guatemaltecos. Fundada en 1940, Incatecu fue la primera fábrica de calzado en el país, pionera en la fabricación de zapatos de hule y plástico, tanto para caballero como para dama.

Zapatos fabricados por Incatecu

Los inicios de una innovación

El propietario de la empresa, el señor Plihal, lideró un grupo de checos que trajo consigo la innovación y la industrialización a Guatemala.

Ubicada en la ruta 1, vía 4 de la zona 4, actualmente conocida como 4 Grados Norte, Incatecu se convirtió en un símbolo de progreso y modernidad. La fábrica no solo producía calzado de alta calidad, sino que también lo ofrecía a precios accesibles, lo que permitió que sus productos llegaran a todos los rincones del país.

Publicidad histórica de Incatecu

Impacto cultural y social

Los zapatos de Incatecu no eran solo un producto; eran parte de la vida diaria de los guatemaltecos. Durante décadas, estos zapatos acompañaron a generaciones de niños en su etapa escolar, convirtiéndose en un elemento fundamental de su infancia. La durabilidad y el diseño práctico de los zapatos de hule y plástico los hicieron ideales para el uso diario, y pronto se convirtieron en un ícono de la cultura guatemalteca.

Recuerdo de los zapatos Incatecu

Legado industrial

Incatecu no solo fue una fábrica de zapatos; fue una de las primeras empresas industriales en Guatemala que logró exportar sus productos a nivel nacional e internacional. Este logro no solo contribuyó al desarrollo económico del país, sino que también posicionó a Guatemala en el mapa de la producción industrial en Centroamérica.

Aunque el tiempo ha pasado y la fábrica ya no está en operación, el legado de Incatecu perdura en la memoria de aquellos que crecieron usando sus zapatos y en la historia industrial de Guatemala. La Fábrica de Zapatos Incatecu no solo fue una empresa; fue un símbolo de innovación, calidad y cultura que dejó una marca indeleble en el corazón de Guatemala.

En un mundo en constante cambio, es fundamental recordar y honrar a aquellas empresas y personas que, como el señor Plihal y su equipo, contribuyeron al desarrollo y la identidad de nuestro país.

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En el kilómetro 26.5 de la Ruta al Pacífico, donde la carretera conectaba a viajeros entre la Ciudad de Guatemala y Amatitlán, existía un lugar que se convirtió en un verdadero ícono de la cultura gastronómica guatemalteca: el Restaurante Asiole. Durante más de seis décadas, este restaurante fue mucho más que un simple lugar para comer; fue una parada obligatoria, un refugio para disfrutar de sabores tradicionales y un testigo silencioso de historias compartidas por generaciones.

El Restaurante Asiole abrió sus puertas el 15 de septiembre de 1951, una fecha simbólica que marcó el inicio de una era dorada para los amantes de la comida típica guatemalteca. Fundado por los esposos Carlos Horacio Soto Aguilar y Bertha Elena Vásquez Cuellar de Soto, este restaurante nació con el propósito de ofrecer a los viajeros un lugar donde pudieran disfrutar de platillos auténticos mientras descansaban en su travesía hacia el sur del país o regresaban a la capital.

El nombre "Asiole" tiene un origen curioso: es una combinación invertida del nombre de su hija, Eloisa, quien años después se encargaría de atender el restaurante junto a sus padres. Este detalle único añadió un toque personal y entrañable al legado de Asiole.

Historia del Restaurante Asiole

Los sabores que hicieron famoso a Asiole

El Restaurante Asiole no solo era conocido por su ubicación estratégica, sino también por su exquisita oferta culinaria. Entre sus platillos más emblemáticos destacaban:

Mojarras fritas: un clásico de la cocina guatemalteca, preparado con pescado fresco y acompañado de arroz, ensalada y tortillas recién hechas.

Revolcado: un plato tradicional amatitlaneco, elaborado con carne de cerdo cocida lentamente en una salsa espesa y picante.

Mazapán: uno de los postres más populares de la región, cuya dulzura conquistó los paladares de miles de visitantes.

Estos platillos, junto con otros dulces típicos, hicieron del Restaurante Asiole un destino gastronómico imprescindible. Su fama trascendió fronteras locales, atrayendo incluso a figuras destacadas como el Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias y los expresidentes Juan José Arévalo y Miguel Ydígoras Fuentes, quienes disfrutaron de sus delicias en múltiples ocasiones.

Restaurante Asiole y su tradición gastronómica

Un refugio para viajeros

Durante más de 60 años, el Restaurante Asiole fue mucho más que un lugar para comer. Era un punto de encuentro para familias, amigos y viajeros que buscaban un descanso en su camino. Ubicado en una de las rutas más transitadas del país, este restaurante se convirtió en una parada obligatoria para quienes deseaban disfrutar de una buena comida antes de continuar su viaje.

Su fachada acogedora y su ambiente familiar lo hacían inconfundible. Para muchos guatemaltecos, el simple hecho de ver el letrero de Asiole despertaba recuerdos de infancia, risas compartidas y momentos especiales alrededor de una mesa.

El final de una era

Después de 62 años de historia, el Restaurante Asiole cerró sus puertas el 5 de mayo de 2013, dejando atrás una huella imborrable en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de visitarlo. Aunque el local dejó de funcionar como restaurante, su legado continuó a través de una empresa dedicada a la elaboración de dulces típicos, los cuales se vendían en una famosa gasolinera ubicada en la Calzada Asiole.

Hoy, en el lugar donde alguna vez estuvo el Restaurante Asiole, funciona un popular restaurante de comida rápida. Sin embargo, para quienes conocieron su historia, ese espacio sigue siendo un recordatorio de los sabores y las tradiciones que marcaron una época.

Recuerdo del Restaurante Asiole
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En el corazón de Zacapa, tierra conocida por su clima cálido, su rico queso y sus dulces melcochas, se alza un testimonio silencioso de un pasado lleno de movimiento y vida: la Antigua Estación y Hotel Ferrocarril de Zacapa. Este emblemático lugar, que alguna vez fue el centro neurálgico del transporte y la conexión de la región, hoy se erige como un símbolo de nostalgia y memoria histórica.

Antigua Estación del Ferrocarril de Zacapa

Un viaje en el tiempo

A finales del siglo XIX y principios del XX, el ferrocarril fue una de las principales vías de progreso en Guatemala. La estación de Zacapa no fue la excepción. Construida con un estilo arquitectónico que combinaba funcionalidad y elegancia, la estación fue testigo del ir y venir de trenes cargados de mercancías, pasajeros y sueños. Junto a ella, el Hotel Ferrocarril ofrecía un refugio para los viajeros que llegaban a esta tierra tunera, convirtiéndose en un punto de encuentro para comerciantes, familias y aventureros.

Hotel Ferrocarril y estación de Zacapa

Las fotografías que aún se conservan de este lugar nos transportan a una época en la que el sonido de los trenes marcaba el ritmo de la vida cotidiana. Las imágenes muestran la estación con su estructura imponente, sus techos de lámina y sus amplios ventanales, mientras que el hotel, con su fachada sencilla pero acogedora, evocaba la calidez de un hogar lejos de casa.

Historia del Ferrocarril de Zacapa

Nostalgia en cada rincón

Hoy, la Antigua Estación y el Hotel Ferrocarril de Zacapa son más que un conjunto de edificios; son un portal al ayer. Aunque el paso del tiempo ha dejado su huella en estas construcciones, su encanto permanece intacto.

Las paredes desgastadas y los rieles oxidados cuentan historias de un tiempo en el que el ferrocarril era sinónimo de progreso y conexión.

Recuerdos de la antigua estación de Zacapa

Para los zacapanecos, este lugar es un tesoro lleno de recuerdos. Muchos aún recuerdan los días en los que llegaban los trenes cargados de productos locales, o las noches en las que el hotel recibía a visitantes de otras regiones del país. Es un sitio que despierta emociones y que invita a reflexionar sobre cómo el tiempo transforma, pero no borra, las huellas de nuestra historia.

Ferrocarril de Zacapa y su legado histórico

Un llamado a preservar

Aunque el ferrocarril ya no funciona, la Antigua Estación y el Hotel Ferrocarril de Zacapa siguen siendo un símbolo de identidad para la región. Organizaciones locales y amantes de la historia han impulsado iniciativas para preservar este patrimonio, con la esperanza de que las generaciones futuras puedan conocer y valorar este legado.

Patrimonio ferroviario de Zacapa

Visitar este lugar es como abrir un álbum de fotografías antiguas: cada detalle, cada rincón, nos habla de un pasado que merece ser recordado. En la tierra del sol y la tunera, la Antigua Estación y el Hotel Ferrocarril de Zacapa siguen en pie, resistiendo el paso del tiempo y recordándonos que, a veces, mirar atrás es la mejor manera de avanzar.

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En una época donde la música disco dominaba las ondas radiales, los peinados voluminosos eran la moda y los autos clásicos rugían por las calles, un lugar mítico emergió para convertirse en el epicentro de la diversión nocturna en Centroamérica. Hablamos de Ad Astra, la famosa discoteca que abrió sus puertas en febrero de 1979 en la emblemática avenida Las Américas. Con su diseño futurista en forma de platillo volador, Ad Astra no solo era un lugar para bailar; era una declaración audaz de modernidad y vanguardia.

El nacimiento de una leyenda

Imagina, si puedes, una noche estrellada de 1979. En medio del bullicio urbano de la ciudad, un objeto brillante y extraño se alzaba sobre la avenida Las Américas. No era una nave espacial ni un fenómeno celestial, sino algo aún más emocionante: la discoteca Ad Astra.

Su arquitectura única, inspirada en los platillos voladores de las películas de ciencia ficción de la época, dejaba boquiabiertos a quienes pasaban por allí. Era imposible no detenerse a mirar.

Arquitectura de la discoteca Ad Astra

Construida para ser más que un lugar de entretenimiento, Ad Astra fue diseñada como un símbolo de progreso y sofisticación. Desde el primer día, se ganó el título de "La Mejor Discoteca de Centroamérica", un reconocimiento que mantuvo durante años gracias a su tecnología de punta, su exclusividad y, por supuesto, su inigualable atmósfera.

Una experiencia fuera de este mundo

Entrar a Ad Astra era como viajar al futuro. Sus luces neón parpadeantes, espejos interminables y pistas de baile relucientes creaban un ambiente hipnótico que invitaba a perderse en la música.

Los DJs, verdaderos pioneros de su oficio, giraban vinilos de artistas icónicos como Donna Summer, Bee Gees y KC and the Sunshine Band, mientras el público, vestido con lentejuelas y pantalones de campana, se movía al ritmo frenético del disco.

Discoteca Ad Astra durante su época de mayor popularidad

Pero lo que realmente hacía destacar a Ad Astra no era solo su música o su diseño futurista. Era la experiencia completa. Desde las barras iluminadas que servían cócteles exóticos hasta las cabinas privadas con vista panorámica, cada detalle estaba pensado para transportar a los asistentes a otro mundo. Era, literalmente, una fiesta fuera de este planeta.

Un símbolo cultural

Más allá de ser un lugar para bailar, Ad Astra se convirtió en un símbolo cultural de los años 70 y 80. Era el punto de encuentro de artistas, músicos, políticos y celebridades locales e internacionales. Aquí se tejieron historias de amor, se sellaron negocios bajo la luz de las discobolas y se vivieron momentos inolvidables que hoy forman parte del imaginario colectivo de toda una generación.

Recuerdo histórico de la discoteca Ad Astra

Sin embargo, Ad Astra no solo era un reflejo de la cultura pop de la época; también era un recordatorio de los sueños y aspiraciones de una sociedad que miraba hacia el futuro con optimismo. En plena Guerra Fría y carrera espacial, el diseño de platillo volador de la discoteca resonaba con la fascinación de la humanidad por lo desconocido y lo posible.

El legado de Ad Astra

Aunque los años han pasado y las tendencias han cambiado, el recuerdo de Ad Astra sigue vivo en los corazones de quienes tuvieron la suerte de experimentar su magia. Hoy, décadas después de su inauguración, esta legendaria discoteca sigue siendo un referente de innovación y creatividad. Su historia nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay espacio para la diversión, la música y los sueños.

El legado de la discoteca Ad Astra

¿Quién sabe? Tal vez algún día, en algún rincón del mundo, alguien decida revivir la magia de Ad Astra. Hasta entonces, su leyenda permanece intacta, flotando como un platillo volador en el firmamento de nuestra memoria colectiva.

Datos curiosos

Diseño futurista: la forma de platillo volador no solo era estética; también simbolizaba la obsesión de la época por la exploración espacial.

Tecnología avanzada: Ad Astra fue una de las primeras discotecas en incorporar sistemas de sonido envolvente y luces sincronizadas con la música.

Éxito regional: visitantes de países vecinos viajaban expresamente para disfrutar de una noche en Ad Astra.

Conclusión

Ad Astra no fue solo una discoteca; fue un fenómeno cultural que marcó una era. Su legado perdura como un recordatorio de que, cuando la creatividad y la tecnología se unen, pueden crear algo verdaderamente mágico. Así que, la próxima vez que escuches una canción de los 70 o veas una película de ciencia ficción de esa época, recuerda el platillo volador que una vez iluminó las noches centroamericanas y llevó a tantos a bailar bajo las estrellas.

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